ATorres.
lunes, 15 de diciembre de 2014
Grandes victorias y diminutas derrotas.
Si hiciese una lista de todo este año me quedaría corta. Las personas tan maravillosas a las que he conocido me han dejado boquiabierta porque me he dado cuenta de que las buenas personas abundan. He conocido la unidad, el moverse como uno para un fin, y el hacer lo imposible, he conocido la fuerza desde la distancia y que el optimismo es el valor más increíble que se puede tener, y sobre todo que funciona, el cariño no se puede enviar por correo, ni se dice por teléfono, pero creo que se puede sentir a kilómetros de distancia. He terminado una de las etapas más bonitas, entrañables, memorables de toda mi vida, me he dado cuenta que lo más importante es ser uno mismo y que no hay que forzar nada, todo fluye y lo que tenga que ser será. Echo de menos a muchas personas a las que veía día a día, pero puedo decir que he conocido a otras que, aunque no los reemplacen, saben demostrar la amistad y reconozco que poco a poco los estoy cogiendo mucho cariño. Estoy aprendiendo lo importante que es esforzarse en conseguir lo que quieres y también lo importante que es hacer lo que te gusta. Y es tremendo lo bien que me siento teniendo la seguridad de quien quiero ser y de lo que quiero conseguir en mi vida. Y les doy gracias infinitas a todas las personas que me rodean, las que he conocido este año y las que siempre han estado ahí. Parece ser que todo se ha concentrado en esta año que se acaba como un pequeño Big Bang por todo lo alto, con grandes victorias y diminutas derrotas. Y se va con la intensidad con la que llegó... (Siempre me gustaron los años pares).
lunes, 24 de noviembre de 2014
Por orgullo...
Nunca, nunca, nunca lo tuviste.
Siempre has carecido de eso que te diferenciase del resto, has tomado las mismas malas decisiones que los demás sin pensar por ti, sin tus propias ideas. Te has dejado guiar por lo que querían los demás de ti en vez de lo que querías tú.
Haces algo que puede estar bien para un futuro pero sabes que lo odias, lo haces porque a alguien en su día le encantó y pensaste "puede estar bien" pero sabes que para tí no está bien, porque no es lo que te gusta.
Nunca tuviste tu seña de identidad, te escondiste en esos que sí la tenían haciéndoles tuyos, teniendo su exclusividad, la envidia te ha llevado a odiarles, después de todo lo que han soportado de ti y tu de ellos ahora les das la patada, por orgullo. Les has utilizado para nada, has sabido en que momento dejarles, solo para no sentirte a parte, para no admitir que no tienes "eso". Seamos sinceros tienes la misma personalidad que una patata frita.
Y ahora finjes, como siempre has hecho, ocultas cómo eres de verdad, un ser infantil, caprichoso, dubitativo, retorcido y falso. Sobretodo falso, creías que era para siempre, y no. Pero nunca aprenderás.
Nunca aprenderás que nada es para siempre, nunca aprenderás que los "te quieros" no duelen, nuncaaprenderás que lo que vale es tu opinión, nunca aprenderás que lo que les gusta a otros no tiene por qué obligatoriamente gustarte a ti, nunca aprenderás que esas personas a las que dejaste tiradas y usadas te querían, nunca aprenderás lo que de verdad significa cariño.
Pero de eso no te culpo, nadie te enseñó lo que verdaderamente es el amor, te enseñaron a hacer regalos o a camuflar el amor en regalos, pero eso es cariño vacío... No vale para nada.
ATorres.
domingo, 16 de noviembre de 2014
Porque hay relaciones imposibles...
Y sí lo he dejado, aunque me encantase. Aunque me volviese loca cada vez que lo hacía, para mi era como una sensación de vértigo, sientes que te mareas, que te vas a caer, es tu mejor y tu peor momento y cuando acaba es como un somnífero, un calmante, te sientes feliz de lo que has hecho. Lo he dejado, he dejado lo que más amaba ¿Por qué? Porque hay relaciones imposibles, porque a veces esa persona que parecía entrañable, adorable, buena en cuanto coge un poco de confianza contigo se vuelve tu peor enemigo. Porque para esa persona siempre va a haber otras más importantes ,aunque tu esfuerces por ser la mejor. Porque siempre va a tener preferencias y no va a dar las mismas oportunidades a otros, aunque también las merezcan. He dejado lo que más amo porque odio las preferencias, odio el "me cae mejor que..." y no me gusta la falsedad, las sonrisas complacientes y la falsa modestia.
Lo adoraba, adoraba formar parte de algo, tener objetivos y cumplirlos con creces sin fallar a nadie, vale que tardaba un poco en cumplirlos pero lo hacía en el momento justo, brillaba el tiempo que me dejaba hacerlo y luego me apagaba volviendo al sitio de donde había salido "un momento de gloria", que llegaba y se iba, dos segundos, mientras otros tenían horas... ¿Por qué no les dejaba brillar lo mismo a todos? ¿Por qué se propuso dejarme fuera? Aguanté más, porque confiaba en que viera que yo podía dar mucho más, sin embargo nuestra relación se distanció, tanto que dejó de importarme cómo lo hacía, si iba o no, si me subía o no. Entré amándolo y salí con una sensación de odio, porque me había hecho odiarlo y se que no es así, no es algo que se deba odiar... Por eso vi que no era mi lugar y en un segundo decidí que iba a dejarlo, en el fondo el subirse a un escenario es fantástico pero si el proceso para hacerlo es una mierda, no vale para nada esa falsa satisfacción.
No podemos dejar que algo que amamos se vuelva amargo por algunas personas, y más si esas personas están al mando. Es mejor dejarlo que odiarlo, porque el odio es una herida que no cura...
ATorres.
lunes, 10 de noviembre de 2014
Como si nada hubiese ocurrido...
Los bajos retumbaban en su cabeza y se apoderaron de ella, pasó de oir música a oir sólamente bumbumbumbum... Como los latidos de su corazón. Cada vez más rápido, cada vez más fuerte. Su baile poco a poco se acomodaba a sus latidos, como pequeños espasmos, como si su cuerpo fuese un cable de alta tensión.
Tanta energía transformada en una supernova. Tanto veneno junto, tan letal para ella y para todo el que se la acercase, por eso estaba sola en la pista.
¡BUMBUMBUM!
Cada vez más alto, la cabeza le palpitaba como si se le hubiese subido el corazón a las sienes. La presión aunmentó y su baile se acentuó, se convirtió en una especie de danza ritual.
Los que la veían creían que era totalmente normal, que estaba muy borracha o drogada. Pero la realidad era que algo o alguien la hacía bailar así.
Comenzó a arrastrarse por el suelo, a gritar, a llorar riendo, a arañarse la cara. La gente comenzó a asustarse y ella sólo intentaba escapar de algo que la corroía el cuerpo... Que no iba a parar.
Todo acabó con un gemido desgarrador que la hizo desaparecer.
Nadie la volvió a ver nunca más. Pero siguieron bailando como si nada hubiese ocurrido.
ATorres.
viernes, 7 de noviembre de 2014
Nunca fue un hombre valiente...
Decidió tomarse unas vacaciones alejado de la gran ciudad, serían solamente unos pocos días que los dedicaría a pasear, escribir, investigar o limitarse a ver la televisión con un café. El verano de ese año había tomado una extraña forma, había días en los que la temperatura ascendía a los cuarenta y cinco grados y en los que descendía a los tres, lluvias torrenciales o fuertes nevadas.
La noche del cuarto día, tras la cena, salió a la calle a observar la gigantesca luna llena, brillaba e iluminaba todo el valle tiñéndolo de un blanco azulado, proyectando las sombras de los árboles en el suelo. Se quedó embelesado.
Segundos después los árboles fueron sacudidos con violencia, algo estaba pasando a pocos metros de su posición. Se metió en casa cerrando tras de si todas las puertas de casa, cerró las ventanas y se sentó en el sillón esperando oír algún ruido.
Nunca fue un hombre valiente ni se avergonzaba de serlo, cualquier ruido o movimiento extraño le hacía temblar. En ese momento su cuerpo era 99% terror, 1% cordura y sosiego.
Sospechaba que alguien había en la calle, un coche en el que podría haber ladrones, o un animal, una epidemia de zombies, un tifón apocalíptico, una bestia sedienta de SU sangre, Drácula. El miedo se apoderó de su cuerpo.
En la calle sonaba el viento a través de los árboles, sonaban las hojas moviéndose, las ramas chocando...
Asustado corrió al armero, con las manos temblorosas tecleó las contraseña, dos intentos después consiguió abrirlo. Cogió la pistola que muchos años atrás le había regalado su padre y que nunca había salido de ahí. hasta esa noche.
El terror le impedía pensar con claridad. Salió a la calle armado y gritando "¡SAL DE AHÍ!". Disparó al vacío y el sonido retumbó por todo el valle. Se había vuelto totalmente loco. Disparó de nuevo envuelto en cólera, odio y miedo, y se escuchó un gemido entre los árboles, alguien había sido alcanzado por la bala. Enloqueció aún más y gritando saltó la valla que limitaba su terreno y se aproximó al lugar de los gemidos. Su paso irregular, su respiración entrecortada, y los gritos que emitía lo transformaron en una figura aterradora, de las que él se habría asustado.
Las nubes taparon la luna y el valle se oscureció... El viento paró con un tercer y último disparo, el miedo se disipó... Desapareció.
La noche del cuarto día, tras la cena, salió a la calle a observar la gigantesca luna llena, brillaba e iluminaba todo el valle tiñéndolo de un blanco azulado, proyectando las sombras de los árboles en el suelo. Se quedó embelesado.
Segundos después los árboles fueron sacudidos con violencia, algo estaba pasando a pocos metros de su posición. Se metió en casa cerrando tras de si todas las puertas de casa, cerró las ventanas y se sentó en el sillón esperando oír algún ruido.
Nunca fue un hombre valiente ni se avergonzaba de serlo, cualquier ruido o movimiento extraño le hacía temblar. En ese momento su cuerpo era 99% terror, 1% cordura y sosiego.
Sospechaba que alguien había en la calle, un coche en el que podría haber ladrones, o un animal, una epidemia de zombies, un tifón apocalíptico, una bestia sedienta de SU sangre, Drácula. El miedo se apoderó de su cuerpo.
En la calle sonaba el viento a través de los árboles, sonaban las hojas moviéndose, las ramas chocando...
Asustado corrió al armero, con las manos temblorosas tecleó las contraseña, dos intentos después consiguió abrirlo. Cogió la pistola que muchos años atrás le había regalado su padre y que nunca había salido de ahí. hasta esa noche.
El terror le impedía pensar con claridad. Salió a la calle armado y gritando "¡SAL DE AHÍ!". Disparó al vacío y el sonido retumbó por todo el valle. Se había vuelto totalmente loco. Disparó de nuevo envuelto en cólera, odio y miedo, y se escuchó un gemido entre los árboles, alguien había sido alcanzado por la bala. Enloqueció aún más y gritando saltó la valla que limitaba su terreno y se aproximó al lugar de los gemidos. Su paso irregular, su respiración entrecortada, y los gritos que emitía lo transformaron en una figura aterradora, de las que él se habría asustado.
Las nubes taparon la luna y el valle se oscureció... El viento paró con un tercer y último disparo, el miedo se disipó... Desapareció.
ATorres.
jueves, 23 de octubre de 2014
La rutina se abrió paso...
Se miraron a los ojos. Se sumergieron en la profundidad de sus miradas y se ahogaron en la noche.
No pasó un segundo y ella se había ido. No pasó un segundo y él despertó. Recorrió con sus manos unas sábanas vacías aún calientes. Otra vez había desaparecido.
Otra noche llena de amor y otra mañana vacía. Y así ocurría siempre, una llamada, un "sí, claro. Me apetece mucho", y el rollo de las miradas y la profundidad de la noche.
Tenía la sensación de vivir todos los días lo mismo, como si fuese un juego macabro del destino. Mil veces se había planteado no llamarla, por si acaso ella lo hacía por si por alguna razón ella pensaba en él de la misma manera que él pensaba en ella.
Harto, cansado de jugar, no descolgó el teléfono para verla. Aguantó, aguantó horas, se fue a acostar sin llamarla y en la cama no se pudo sentir más solo. El otro lado estaba frio y vacío, y él, más solo que nunca.
Muchas horas en vela después, alrededor de las cuatro de la mañana algo chocaba contra su ventana. Se levantó de la cama y la vió muerta de frio.
Ya arriba, la rutina se abrió paso.
Y él siguió solo.
Otro corazón roto, otro corazón dependiente.
Atorres.
viernes, 17 de octubre de 2014
Mientras el agua del mar sea salada...
Si mis sentimientos fuesen tangibles no caerían en duda ni se llevarían ese beneficio falso que de poco sirve. Si mis sentimientos se pudiesen tocar me doblarían en fuerza, me arrollarían, me aplastarían. Porque es algo tan extremo lo que siento que si fuese físico me mataría. No sé controlar las cosas del corazón. No sé cómo expresar tanto amor junto, no sé cómo hacer que parezca normal. De repente pierdo el control y me entrego por completo, me subo a una montaña rusa sin seguridad y que sea lo que Dios quiera. Poco me importan las consecuencias de tanta locura, mientras seamos felices.
Mientras el cielo siga azul, mientras el agua del mar sea salada, mientras el mundo sea mundo. Seguiré entregándotelo todo. Seguiré sintiendo ese dolor al no verte y esa alegría que me derrota cuando te tengo delante.
Es que me lo has robado todo, me has desarmado, me tienes en tus brazos y me meces como si fuese una niña. Como tu niña.
Todo lo que te quiero es poco y la eternidad se me va a hacer corta a tu lado.
Atorres.
lunes, 13 de octubre de 2014
Las llaves. I
Esa misma noche la policía nos dijo que nos quedásemos en un hotel, porque a lo mejor los ladrones volvían a casa. Mis padres prefirieron coger una habitación en un hotel cerca de mi Universidad, para que no pillásemos caravana, o para dormir más o no se qué. Reservaron una habitación para mi y otra para ellos, no querían que les despertase cuando me fuese a clase. Tras la cena subimos a la habitación, cuando me puse el pijama y estaba a punto de dormirme, me di cuenta que el trabajo para el día siguiente seguía en mi mesa y que mi profesor no toleraría excusas- pero esto no es una excusa es un robo- pensando en ese suspenso repentino me vestí a toda velocidad y sin hacer ruido me fui. El hotel estaba relativamente cerca de casa, no tardé ni veinte minutos en llegar.
Lo primero que vi me resultó raro, el portal abierto a las doce de la noche, subí corriendo las escaleras y llegué a la puerta de mi casa, saqué las llaves e intenté meter una en la cerradura, no cupo... Claro, mis padres habían cambiado la cerradura, en realidad no se porqué si los ladrones se habían metido por la ventana.
Cuando estaba a punto de bajar las escaleras escuché unas risas masculinas muy sospechosas a la vez de aterradoras... Subí las escaleras al segundo piso y me quedé en el rellano agazapada, los hombres llegaron al primer piso, se pararon. Me asomé con cuidado y vi que intentaban abrir la puerta de mi casa, sin éxito se fueron despotricando. Saqué el teléfono para llamar a la policía, cuando vi su cara justo en frente de la mía, me cogió del tobillo y me arrastró escaleras abajo.
Atorres.
domingo, 12 de octubre de 2014
Y que me encanta verte reir...
Piensa esto, a lo mejor te hace sonreir.
Nunca te va a querer nadie más de lo que te quieras tú, porque para ti debes ser la persona más bella. Tú eres la primera que te vas a ver todos los días en el espejo, es para tí por quien vas a clase todos los días, es para tí por lo que colocas tu habitación y es para tí por lo que lo besas todos los días que puedes, porque te sientes querida por ti y por él.
Mira, que el amor no duele (a estas alturas debes saberlo), que el amor no es paciencia y que tampoco es una lucha entre iguales, el amor es ver un futuro conjunto. Y ser feliz hasta que se pueda.
Que las personas que te quieren no te van a hacer daño, y que las personas que te lo dicen no saben lo que es querer, porque quienes te quieren no te van a hundir en tu momento más crítico. Las personas que te quieren saben cuando consolarte y cuando dejarte las cosas claras. Una persona que te quiere va a hacer lo posible porque estés contenta todos los días y sacarte una sonrisa, te hará bromas de las que os reireis juntos unas más pesadas que otras, pero debes darte cuenta de que las bromas son otra forma de cariño. Nunca te lo vas a pasar mejor que bromeando con tu pareja o con tus amigos.
Que si él te hace feliz, que te de igual el resto, si es mayor, si es bajito, alto, ¡que más da! Que te digan lo que te digan... Y enamórate mucho, enamórate hasta morirte, porque es un sentimiento tan bonito que se te encoje el corazón y sonríes tanto que se te ven todos los dientes.
Quiero decirte una última cosa, eres perfecta, tal y cómo eres. Haz lo que te gusta, ponte lo que quieras, se cómo quieras, intenta ser feliz por encima de todo y quien te lo impida aléjalo de tu vida (se que es dificil, sobre todo para ti que eres todo amor, te abrazo y expulsas corazoncitos) porque las personas que impiden nuestra felicidad y se hacen llamar amigos lo único que se merecen es estar lejos. Que sepas que tu risa es preciosa y que me encanta verte reir, hacer el tonto y decir que te he echado de menos. Lo único que no me gusta es verte tan poco, aunque cuando nos vemos nos volvemos locas y parece que no nos hemos visto en horas en vez de en días o semanas... Y me encanta decir que en dos años no hemos discutido ni una sola vez.
Que sepas que te quiero con locura, que siempre voy a estar a tu lado intentando hacerte feliz y que me has cambiado muchísimo la vida desde que te conocí. Y eres una chica maravillosa y para siempre mi mejor amiga.
Atorres.
jueves, 9 de octubre de 2014
Y no volverá a ver el Sol...
Perdió la mirada en el mar y por unos segundo creyó perder su espíritu en el horizonte infinito. El cielo se tiñó de rosa junto con las nubes. El sol, cortado por mar se volvió naranja, dando los últimos rayos de luz en un día que no se volvería a repetir.
Ella se sentía pura, se sentía libre, nada ni nadie la iba a molestar en la isla. Después de todo lo que había pasado por fin se había acabado, se dejó caer y hundió el torso en el mar. El respirar aire puro nunca fue tan placentero. Se mojó la cara y rió, rio a carcajadas tan fuertes que una bandada de pájaros salió del interior de la jungla, gritó, nado. La libertad nunca supo tan bien.
Salió del agua cuando el sol ya se había puesto y se aproximó a su ropa, justo antes de alcanzar su camisa sintió una fuerte punzada en el abdomen, su espalda se curvó y con una mano se tocó la punta de la flecha que la había atravesado, miró hacia atrás y no vió a nadie, sintió otra punzada tan fuerte como la de antes esta vez más arriba, se manchó las manos de su sangre y a duras penas volvió al mar. Con la respiración entrecortada se hundió y dejó que la corriente se la llevara.
El mar no conoció un cuerpo más bello, y el asesino esa noche no tuvo que llevarse a la boca.
Atorres.
martes, 7 de octubre de 2014
La primera vez.
Cuando lo vió por primera vez en ese escaparate se enamoró. Ahí estaba, con la naricita pegada al cristal ancho, empañándolo con el aliento y con los ojos como platos observando ese oso de peluche. Sería del mismo tamaño que era, de un color marrón oscuro, tan oscuro que se confundía con el negro, una barriga del mismo color, las orejas redonditas y un hocico que terminaba en una naríz de plástico. Embobada permaneció en aquel escaparate, esperando a que ese oso le saludase o saliese a verla. Lo llamó Señor Milton. Todas las mañanas pasaba por el escaparate y con la mano saludaba y decía "hasta mañana Señor Milton", a veces se paraba y le decía que hacía frio, o que si le podía prestar un paraguas.
El Señor Milton vivía allí, de noche y de día. Por las mañanas saludaba sin voz y sin poder moverse a una niña pequeña que sería más o menos de alta igual que él, o un poco menos. Con unos rizos oscuros que le recordaba a su espeso pelaje, y con un vestido, que dependiendo del día, cambiaba de color a veces era azul, como el cielo, otras veces era rosa o amarillo, verde o naranja. El Señor Milton no llevaba ropa, con todo el pelo que tenía le sobraba. La niña se paraba en frente de él y balbuceando le decía "Señor Milton, hoy llueve mucho ¿no tendrá en su casita un paraguas para prestarme?" Y justo después una señora muy alta tiraba de la niña y se la llevaba del escaparate.
Un día no muy diferente al de hoy, con el mismo tiempo, en la misma ciudad, la niña pasó por el escaparate, muy sorprendida quedó cuando ahí no estaba el Señor Milton, corrió hacia el escaparate y lo escudriñó de arriba a abajo esperando a que el Señor Milton apareciera por su propio pie. Nada, ni rastro. Muy apenada volvió al lado de su madre, que la dijo que a lo mejor el Señor Milton se había mudado de escaparate, o que estaba en el cuarto de baño, o que a lo mejor no se había despertado aún.
Yendo a casa, pasó de nuevo por el escaparate, ni rastro del Señor Milton. A lo mejor se lo había llevado otra niña. Cuando llegó a casa, lo primero que hizo fue merendar, y cuando fue a su habitación a hacer los deberes, encontró en su cama un oso, que sería del mismo tamaño que ella, de un color marrón oscuro, tan oscuro que se confundía con el negro, una barriga del mismo color, las orejas redonditas y un hocico que terminaba en una naríz de plástico.
Atorres.
Bienvenida...
Es tarde, muy tarde. Tan tarde que seguramente hayan empezado las presentaciones sin mi, como siempre. No hay sitio para aparcar, llevo ya cuatro vueltas a la manzana. Estas calles de Madrid son tan estrchas, tan irregulares, tan caóticas. Los edificios se agolpan unos con otros que parece que se van a derrumbar unos encima de los otros y van a caer como si fuesen piezas de dominó, y yo debajo moriré aplastada. Nada que no encuentro sitio. Si ya me dijo Juán que tenía que salir temprano para llegar. Dichosas calles, dichosos peatones que se cruzan cuando menos te lo esperas, un día de estos voy a atropellar a alguno, y no porque quiera, sino porque ellos se plantan en el borde de la acera y sin mirar plantan un pié en el asfalto, sin preocuparse por su vida... Pues yo les voy a hacer preocuparse, oh si, un día voy a llegar con mi super coche, al que llamo Pelotilla, porque es redondito y rojo, como una pelotilla, pues un día voy a llegar con Pelotilla y les voy a dar un sustillo, a no ser que se me olvide frenar, entonces el sustillo me lo daré yo. Seguro que han empezado la reunión, con lo arreglada que voy... No, aquí tampoco cabe. Y como si los parkings en Madrid fuesen baratos, ah no! No paso yo a uno ni loca, la última vez me hicieron pagar ni más ni menos que siete euros, por estar dos horitas aparcada... Que bonito en Madrid, y más ahora que es de noche, aunque he de reconocer que es un poco claustrofóbico, tanta gente, tanto edificio, tanta historia junta me marea. Oh! No me lo puedo creer, es la sexta vuelta y he encontrado un sitio. Vaya, pues no ha quedado muy amplio que dijese, bueno por lo menos no le he arañado... Los tacones me van a matar, y este frio infernal, que asco le tengo a Madrid, sobre todo en esta época del año. Entre las calles y los conductores un día me voy a matar, con lo que resbala el suelo mojado, y encima los conductores coléricos que no pueden tocar un poquito en freno cuando te ven poner un pié en el asfalto... Que va, ellos prefieren que te asustes, y que te caigas y de paso atropellarte, susto les voy a dar a ellos como le pase algo a este cuerpo serrano. El portal era el 34, sí este es, cuarto piso y sin ascensor, estos edificios antiguos están hechos para personas con una salud de hierro y unas rodillas de titanio. Llamo al timbre. Vuelvo a llamar. Aqui no me abre nadie. "Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing". Aporreo la puerta a ver si así dejan lo que están haciendo... Doy un empujón y la puerta se abre, sí... Han empezado sin mi, están ya todos muertos.
Atorres.
lunes, 6 de octubre de 2014
¿Y... qué?
Te mira y un segundo después le apartas la mirada. Sonríes, fantaseas, levantas la mirada y sus ojos oscuros siguen ahí clavados en los tuyos. ¿Qué te pasa? Las piernas ni te responden, te has bloqueado. Crees que espera a que te acerques, esa es tu ilusión, que vayas y te presentes "hola, he visto que me mirabas y..." ¿Y... qué? ¿Qué vas a decir? Pero actúa rápido o se irá, o vendrá a quien está esperando, no vas a volver a ver esos ojos en tu vida, y si los ves no recordarás este pequeño momento tan curiosamente íntimo que estáis compartiendo. Te irás a casa, lo sabes, con esos ojos en tus pensamientos, ese "y si...", te vas a arrepentir de no haberte acercado, está tan cerca pero es tan dificil. Mejor date la vuelta, sonríe, vete a casa, fantasea unos momentos y mañana puede que otros ojos, otros labios, otra mirada en resumidas cuentas otra persona te haga perder los papeles en el metro, en la calle, en la cola del pan, en un estanco. Mientras tanto, fantasea con esos ojos oscuros.
Atorres.
¿Quien soy?
Hola, buenas noches, hola. Soy LA PUBLICADORA, LA QUE ESCRIBE... Todo eso, soy imaginación, fantasía, placer, furia, envidia... Soy una pequeña creadora.
Pequeña porque todo lo que creo es pequeño, yo lo llamo mi Minimundo, un mundo en el que todo es pequeño. Sobre todo mis historias. Pequeños relatos que se me ocurren en el autobus, en una terraza, en un taxi... DONDE SEA. Y aunque solo sea una frase tengo que escribirlo.
Se podría decir que son vivencias... Pero tampoco. Así que dejémoslo en Minicuentos, Minirrelatos...
Bueno, espero publicar de diario y que sean cosas tiernas, bonitas, tristes, inquietantes... Cualquier cosa que os llame la atención.
Un besito!
Pequeña porque todo lo que creo es pequeño, yo lo llamo mi Minimundo, un mundo en el que todo es pequeño. Sobre todo mis historias. Pequeños relatos que se me ocurren en el autobus, en una terraza, en un taxi... DONDE SEA. Y aunque solo sea una frase tengo que escribirlo.
Se podría decir que son vivencias... Pero tampoco. Así que dejémoslo en Minicuentos, Minirrelatos...
Bueno, espero publicar de diario y que sean cosas tiernas, bonitas, tristes, inquietantes... Cualquier cosa que os llame la atención.
Un besito!
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