lunes, 24 de noviembre de 2014

Por orgullo...

Nunca, nunca, nunca lo tuviste. 
Siempre has carecido de eso que te diferenciase del resto, has tomado las mismas malas decisiones que los demás sin pensar por ti, sin tus propias ideas. Te has dejado guiar por lo que querían los demás de ti en vez de lo que querías tú. 
Haces algo que puede estar bien para un futuro pero sabes que lo odias, lo haces porque a alguien en su día le encantó y pensaste "puede estar bien" pero sabes que para tí no está bien, porque no es lo que te gusta.
Nunca tuviste tu seña de identidad, te escondiste en esos que sí la tenían haciéndoles tuyos, teniendo su exclusividad, la envidia te ha llevado a odiarles, después de todo lo que han soportado de ti y tu de ellos ahora les das la patada, por orgullo. Les has utilizado para nada, has sabido en que momento dejarles, solo para no sentirte a parte, para no admitir que no tienes "eso". Seamos sinceros tienes la misma personalidad que una patata frita. 
Y ahora finjes, como siempre has hecho, ocultas cómo eres de verdad, un ser infantil, caprichoso, dubitativo, retorcido y falso. Sobretodo falso, creías que era para siempre, y no. Pero nunca aprenderás.
Nunca aprenderás que nada es para siempre, nunca aprenderás que los "te quieros" no duelen, nuncaaprenderás  que lo que vale es tu opinión, nunca aprenderás que lo que les gusta a otros no tiene por qué obligatoriamente gustarte a ti, nunca aprenderás que esas personas a las que dejaste tiradas y usadas te querían, nunca aprenderás lo que de verdad significa cariño.
Pero de eso no te culpo, nadie te enseñó lo que verdaderamente es el amor, te enseñaron a hacer regalos o a camuflar el amor en regalos, pero eso es cariño vacío... No vale para nada. 

ATorres.


domingo, 16 de noviembre de 2014

Porque hay relaciones imposibles...

Y sí lo he dejado, aunque me encantase. Aunque me volviese loca cada vez que lo hacía, para mi era como una sensación de vértigo, sientes que te mareas, que te vas a caer, es tu mejor y tu peor momento y cuando acaba es como un somnífero, un calmante, te sientes feliz de lo que has hecho. Lo he dejado, he dejado lo que más amaba ¿Por qué? Porque hay relaciones imposibles, porque a veces esa persona que parecía entrañable, adorable, buena en cuanto coge un poco de confianza contigo se vuelve tu peor enemigo. Porque para esa persona siempre va a haber otras más importantes ,aunque tu esfuerces por ser la mejor. Porque siempre va a tener preferencias y no va a dar las mismas oportunidades a otros, aunque también las merezcan. He dejado lo que más amo porque odio las preferencias, odio el "me cae mejor que..." y no me gusta la falsedad, las sonrisas complacientes y la falsa modestia.
Lo adoraba, adoraba formar parte de algo, tener objetivos y cumplirlos con creces sin fallar a nadie, vale que tardaba un poco en cumplirlos pero lo hacía en el momento justo, brillaba el tiempo que me dejaba hacerlo y luego me apagaba volviendo al sitio de donde había salido "un momento de gloria", que llegaba y se iba, dos segundos, mientras otros tenían horas... ¿Por qué no les dejaba brillar lo mismo a todos? ¿Por qué se propuso dejarme fuera? Aguanté más, porque confiaba en que viera que yo podía dar mucho más, sin embargo nuestra relación se distanció, tanto que dejó de importarme cómo lo hacía, si iba o no, si me subía o no. Entré amándolo y salí con una sensación de odio, porque me había hecho odiarlo y se que no es así, no es algo que se deba odiar... Por eso vi que no era mi lugar y en un segundo decidí que iba a dejarlo, en el fondo el subirse a un escenario es fantástico pero si el proceso para hacerlo es una mierda, no vale para nada esa falsa satisfacción. 
No podemos dejar que algo que amamos se vuelva amargo por algunas personas, y más si esas personas están al mando. Es mejor dejarlo que odiarlo, porque el odio es una herida que no cura... 

ATorres.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Como si nada hubiese ocurrido...


¡Bum! ¡Bumbum! ¡Bum! ¡Bumbum! 
Los bajos retumbaban en su cabeza y se apoderaron de ella, pasó de oir música a oir sólamente bumbumbumbum... Como los latidos de su corazón. Cada vez más rápido, cada vez más fuerte. Su baile poco a poco se acomodaba a sus latidos, como pequeños espasmos, como si su cuerpo fuese un cable de alta tensión. 
Tanta energía transformada en una supernova. Tanto veneno junto, tan letal para ella y para todo el que se la acercase, por eso estaba sola en la pista. 
¡BUMBUMBUM! 
Cada vez más alto, la cabeza le palpitaba como si se le hubiese subido el corazón a las sienes. La presión aunmentó y su baile se acentuó, se convirtió en una especie de danza ritual. 
Los que la veían creían que era totalmente normal, que estaba muy borracha o drogada. Pero la realidad era que algo o alguien la hacía bailar así.
Comenzó a arrastrarse por el suelo, a gritar, a llorar riendo, a arañarse la cara. La gente comenzó a asustarse y ella sólo intentaba escapar de algo que la corroía el cuerpo... Que no iba a parar. 
Todo acabó con un gemido desgarrador que la hizo desaparecer. 
Nadie la volvió a ver nunca más. Pero siguieron bailando como si nada hubiese ocurrido. 

ATorres.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Nunca fue un hombre valiente...

Decidió tomarse unas vacaciones alejado de la gran ciudad, serían solamente unos pocos días que los dedicaría a pasear, escribir, investigar o limitarse a ver la televisión con un café. El verano de ese año había tomado una extraña forma, había días en los que la temperatura ascendía a los cuarenta y cinco grados y en los que descendía a los tres, lluvias torrenciales o fuertes nevadas.
La noche del cuarto día, tras la cena, salió a la calle a observar la gigantesca luna llena, brillaba e iluminaba todo el valle tiñéndolo de un blanco azulado, proyectando las sombras de los árboles en el suelo. Se quedó embelesado.
Segundos después los árboles fueron sacudidos con violencia, algo estaba pasando a pocos metros de su posición. Se metió en casa cerrando tras de si todas las puertas de casa, cerró las ventanas y se sentó en el sillón esperando oír algún ruido.
Nunca fue un hombre valiente ni se avergonzaba de serlo, cualquier ruido o movimiento extraño le hacía temblar. En ese momento su cuerpo era 99% terror, 1% cordura y sosiego.
Sospechaba que alguien había en la calle, un coche en el que podría haber ladrones, o un animal, una epidemia de zombies, un tifón apocalíptico, una bestia sedienta de SU sangre, Drácula. El miedo se apoderó de su cuerpo.
En la calle sonaba el viento a través de los árboles, sonaban las hojas moviéndose, las ramas chocando...
Asustado corrió al armero, con las manos temblorosas tecleó las contraseña, dos intentos después consiguió abrirlo. Cogió la pistola que muchos años atrás le había regalado su padre y que nunca había salido de ahí. hasta esa noche.
El terror le impedía pensar con claridad. Salió a la calle armado y gritando "¡SAL DE AHÍ!". Disparó al vacío y el sonido retumbó por todo el valle. Se había vuelto totalmente loco. Disparó de nuevo envuelto en cólera, odio y miedo, y se escuchó un gemido entre los árboles, alguien había sido alcanzado por la bala. Enloqueció aún más y gritando saltó la valla que limitaba su terreno y se aproximó al lugar de los gemidos. Su paso irregular, su respiración entrecortada, y los gritos que emitía lo transformaron en una figura aterradora, de las que él se habría asustado.
Las nubes taparon la luna y el valle se oscureció... El viento paró con un tercer y último disparo, el miedo se disipó... Desapareció.

ATorres.