Atorres.
martes, 7 de octubre de 2014
Bienvenida...
Es tarde, muy tarde. Tan tarde que seguramente hayan empezado las presentaciones sin mi, como siempre. No hay sitio para aparcar, llevo ya cuatro vueltas a la manzana. Estas calles de Madrid son tan estrchas, tan irregulares, tan caóticas. Los edificios se agolpan unos con otros que parece que se van a derrumbar unos encima de los otros y van a caer como si fuesen piezas de dominó, y yo debajo moriré aplastada. Nada que no encuentro sitio. Si ya me dijo Juán que tenía que salir temprano para llegar. Dichosas calles, dichosos peatones que se cruzan cuando menos te lo esperas, un día de estos voy a atropellar a alguno, y no porque quiera, sino porque ellos se plantan en el borde de la acera y sin mirar plantan un pié en el asfalto, sin preocuparse por su vida... Pues yo les voy a hacer preocuparse, oh si, un día voy a llegar con mi super coche, al que llamo Pelotilla, porque es redondito y rojo, como una pelotilla, pues un día voy a llegar con Pelotilla y les voy a dar un sustillo, a no ser que se me olvide frenar, entonces el sustillo me lo daré yo. Seguro que han empezado la reunión, con lo arreglada que voy... No, aquí tampoco cabe. Y como si los parkings en Madrid fuesen baratos, ah no! No paso yo a uno ni loca, la última vez me hicieron pagar ni más ni menos que siete euros, por estar dos horitas aparcada... Que bonito en Madrid, y más ahora que es de noche, aunque he de reconocer que es un poco claustrofóbico, tanta gente, tanto edificio, tanta historia junta me marea. Oh! No me lo puedo creer, es la sexta vuelta y he encontrado un sitio. Vaya, pues no ha quedado muy amplio que dijese, bueno por lo menos no le he arañado... Los tacones me van a matar, y este frio infernal, que asco le tengo a Madrid, sobre todo en esta época del año. Entre las calles y los conductores un día me voy a matar, con lo que resbala el suelo mojado, y encima los conductores coléricos que no pueden tocar un poquito en freno cuando te ven poner un pié en el asfalto... Que va, ellos prefieren que te asustes, y que te caigas y de paso atropellarte, susto les voy a dar a ellos como le pase algo a este cuerpo serrano. El portal era el 34, sí este es, cuarto piso y sin ascensor, estos edificios antiguos están hechos para personas con una salud de hierro y unas rodillas de titanio. Llamo al timbre. Vuelvo a llamar. Aqui no me abre nadie. "Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing". Aporreo la puerta a ver si así dejan lo que están haciendo... Doy un empujón y la puerta se abre, sí... Han empezado sin mi, están ya todos muertos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario