domingo, 1 de febrero de 2015

Desesperación por un poco de inspiración.

Inspiración...

Bendita y maldita inspiración. Los que escribís o lo intentáis, como yo, sabréis de sobra lo que es la falta de inspiración, lo que es el forzar la mente para que solo salgan idioteces, lo que es releer todo un post o un capítulo, una frase, un párrafo y por una palabra mal puesta borrar todo un trabajo que a lo mejor te ha costado horas hacer, o solo te ha llevado un par de minutos, pero no deja de ser frustrante.

Anda que no hay crisis de inspiración, para mi es como la regla, son unos días de falta total de inspiración al mes, y cuando se pasan esos días soy la mujer más productiva del mundo, o a veces esa falta se retrasa, se acumula y puedo estar meses sin escribir nada... Ahora me pasa eso, pero ya no me frustro como antes. 

Me acuerdo que empecé a escribir al igual que a leer (que no quiere decir que cuando aprendí a leer ya estaba escribiendo...). Para mi el "empezar" a leer fue a los 13 años, cuando empezó a salir la Saga Crepúsculo, recuerdo que me leí los libros en un mes, un récord para mi, que no era capaz de leerme un libro de 100 páginas en dos meses, ahora me los ventilo como churros. Menos el último libro de la saga, que todavía me quedan unas 160 páginas por leerme, pero eso me pasa con todos los últimos libros de sagas, por ejemplo el de 50 Sombras liberadas no me lo acabé hasta los tres meses de empezarlo y dejé dos meses y medio entre medias porque no soportaba leerlo... El caso es que a partir de empezar a leer con más fluidez y con más frecuencia mi vena de escribir salió a la luz y me decidí por escribir un libro de misterio mezclado con terror y un poco de romance barato, pero muy poquito. Escribía en un cuaderno que ya no utilizaba del colegio. Lo hacía a todas horas, en clase, en el recreo, en mi casa, fue la época en la que empecé a sacar malas notas, los profesores me quitaban los cuadernos donde escribía, mis padres me regañaban porque no sabían qué narices hacía en mi habitación... pues bien, yo solo escribía y escribía. 

Recuerdo que ese libro que empecé, lo pasé unas vacaciones de Navidad al portátil del trabajo de mi padre, gran error, porque esos ordenadores están en completo proceso de formateo por si hay virus, pues en uno de esos formateos mi historia de alrededor de trescientas páginas (de documento de Word) se borró. Aunque no lo parezca me dio igual porque a la vez de esa historia yo ya había empezado muchas más que siguen en mis cuadernos de clase, puede que haya más de cincuenta entre hojas en sucio, plantillas de exámenes... Utilizaba todo lo que fuese para escribir, más de una vez utilizaba servilletas de los restaurantes a donde iba con mis padres.

Mi imaginación que había estado aletargada durante trece años despertó como un volcán pero se desvaneció al poco tiempo. Mis padres se empezaron a mosquear por mis notas y yo empecé a centrarme más en eso y dejé la escritura de lado, de vez en cuando escribía algo pero ya no eran esas historias con principio y final, eran relatos cortos de principio y un final difuso, que a veces no se llegaba a escribir. Pasaron los años intentado escribir cualquier cosa que mereciese la pena, rebuscando mi inspiración en los recónditos lugares de mi cerebro y nada.

Hasta hace un par de meses que, como si de una estrella fugaz se tratase, una historia pasó ante mi y la tuve escribir, solo fueron un par de páginas pero sabía que iba a ir tomando forma porque estaba recuperando esa inspiración perdida. Esa misma noche tuve un sueño muy vívido y no se por qué pensé que podría ir bien en la historia que estaba escribiendo. El resultado es el siguiente, voy escribiendo poco a poco, cuando tengo ratos libres y me viene la inspiración que ya frecuenta mis pensamientos y adoro que esté ahí, el que de repente te venga un diálogo a la mente y correr a una hoja y escribirlo, para mi es lo mejor. 

Me acuerdo hace un par de años, en plena crisis de "¡¡¡DIOS NO ESTOY ESCRIBIENDO NADA!!!" Uno de los dramaturgos más importantes e influyentes de nuestra época vino a donde estaba estudiando y pudimos hacer varios ejercicios de teatro con él, además de hacerle preguntas sobre la obra que habíamos leído. A mi se me ocurrió preguntarle que si su inspiración siempre estaba trabajando con él o si alguna vez se había permitido el lujo que escribir sin necesitarla, y me dijo que sin inspiración solo conseguíamos forzar nuestro cerebro y escribir burradas que posteriormente borraríamos y que no estamos para perder el tiempo con esas tonterías...

Yo creo que la inspiración viene sin ser llamada, creo que es un acto reflejo del cerebro a que utilices tu imaginación cuando casi nunca lo haces... Y que si tenemos un momento de flaqueza "inspiracional" que no nos preocupemos, siempre vuelve. 

ATorres. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario