Buenas tardes :D siguiendo el básico programa que ayer publiqué, hoy os presento un pequeño relato, es muy cortito, es un minicuento más bien... Lo escribí hace más o menos cinco años, no tiene nombre, bueno, no se lo puse en su momento... Aquí os lo dejo, espero que lo disfrutéis.
A miles de años luz...
Desde aquí lo veo, lo veo como nunca, tan cerca, tan sereno. La misma mirada de siempre, la que me dedicaba todos los días que lo veía, yo me zambullía en sus ojos marrones tan profundos como el mar, podría estar horas contemplando sus ojos.
No se va a mover de ahí, no se va a ir, la ternura de su mirada se quedará estancada, no se difuminará en el tiempo. Sus labios serán los mismos que adoro besar cada día. Sus manos finas, siempre frías, nunca conseguiré que alcancen una temperatura humana, en cierto modo él siempre fue como de otro planeta y yo lo sabía. Su cuerpo seguirá congelado, su espalda ancha no volverá a albergar mi cabeza como cuando dormíamos juntos.
Desde aquí veo cómo la luz de sus ojos nunca se va a apagar, cómo se aleja en el recuerdo cada y segundo está a kilómetros de distancia, ahora queda todo tan lejos.
Sólo una lágrima más, una última caricia, un último adiós... Y me quedo parada, helada, mientras ellos cierran la tapa del ataúd.
ATorres.
(Pero esto queda entre nosotros, él nunca murió... Él se fue a su planeta, de donde era, no pertenecía aquí... Algún ente sobrenatural quiso que nos encontrásemos en la Tierra, pero yo tampoco tardaré en irme... Supongo que con él).
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