domingo, 18 de enero de 2015

Regalos... Y regalos.

Hace alrededor de un mes que no publico nada y es que he estado bastante ocupada entre las vacaciones, volver a clase y toda la parafernalia pero ahora tengo unos cuantos días y voy a aprovecharlos publicando un poco.

Como muchos de vosotros habréis intuido, soy universitaria, este curso es mi primer curso de universidad y he tenido la suerte de juntarme con personas realmente exquisitas, no solo en apariencia o en cualidades sino que también lo son como personas. No tengo ningún pero para ninguno de los cuatro.

Aunque... Uff el otro día dijeron algo que no me gustó. Comprarle un presente a mi profesora. En un primer momento no supe como tomármelo, la verdad es que me pareció una buena idea porque esta profesora se ha desvivido por nosotros, se ha tirado horas de tutoría resolviendo todas nuestras dudas (Todas y cada una tomándose su tiempo para que apuntemos), es decir que es una persona excelente además de una buena profesora. Pero después de meditarlo un par de veces tuve una pregunta bastante egoísta ¿y a mi quién me regala cosas por aprobar... o por ir a clase?

Cuando eres pequeño, es normal que tus padres por aprobar o por sacar alguna nota en especial te hagan un regalo, a mi por ejemplo eran películas (adoro el cine). Pero llevo unos años sacándome muy bien los cursos y sin recibir ningún tipo de regalo, creo que mi recompensa es estar ahora en la Universidad. Por lo tanto, mi segundo pensamiento fue que ella ya tenía su sueldo por ser profesora, por pasarse las horas en clase, por tener unas horas pactadas en su contrato de tutorías, su trabajo es dar clase lo mejor posible para que apruebe el mayor número de alumnos posible, entonces ¿yo le tengo que dar un regalo por ello? Mmmm... Es un pensamiento un tanto egoísta. En cursos de primaria, como mucho la ESO, si le podías hacer un regalo a un profesor, porque, simplemente se tiene otro tipo de trato (de ellos hacia ti no, de ti hacia ellos), son como tus segundos padres. Pero en la universidad cambia todo, es como si se formase un gran telón invisible entre tu y el profesor, solo compartís palabras de la asignatura y hay profesores con los que no compartes nada.

Pero idiota de mi, hice otro intento alegando que mi segundo pensamiento era extremadamente egoista y pensé algo así como, ¿es qué no hay otros profesores que también hacen esfuerzos por nosotros? ¿Aunque no nos caigan bien no se merecen un regalo por darnos clase? Voy a traducirlo. A lo largo de nuestra vida hay muchos tipos de profesores. Los que nos tratan muy bien y con los que tenemos una relación buena, que nos preguntan cómo estamos, con los que nos reimos. Otro tipo de profesores son los enrollados, que son los que nos dejan salir antes, los que nos cuentan chistes, los que se tiran lo que dure la clase hablando de su vida. Otro tipo son los que se sientan en su sitio dan la clase y se van. Y el último tipo son los que odian a los alumnos, los que odian que estemos equivocados, los que dan su clase de una manera que no hay quien la pille, incluso insultan a los alumnos, pero que aún así quieren que aprobemos porque es nuestra labor, estudiar y aprobar.

Bien, pues puedo asegurar que este año tengo un profesor de cada tipo. Y estoy segura que cada uno se esfuerza a su manera. Poniendo trabajos para que aprobemos, instándonos a estudiar cada día, corrigiendo nuestros exámenes, dando el temario en tiempo record. Dejándonos clases libres para que podamos estudiar para otros exámenes.

Por lo tanto, establecí mi criterio, si íbamos a hacer un regalo sería a todos los profesores por igual, no para caerles mejor o para que nos aprobasen, sino porque todos se lo merecen por el mero esfuerzo de aguantar a más de cincuenta jóvenes dando la lata en su clase. Pero que quede muy claro que mi segundo pensamiento sigue dominando, lo que pasa es que soy una blanda.

ATorres.

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